Había caído al suelo a causa del fuerte
oleaje. Él entró como pudo en la estancia pues las maletas se agolpaban desordenadas en la puerta. La agarró con fuerza para ayudarla a levantar mientras ella se dejaba caer en sus brazos con la cabeza baja. Entonces, él tomó su pequeña barbilla hasta que sus miradas se encontraron. En un instante eterno de silencio ella deseó un beso. Finalmente y con la voz de quien revela un secreto jamás contado, él dijo: “Has vomitado en la alfombra persa”. Fue en ese momento cuando ella supo que se había acabado la pasión.
11 de Agosto de 2007
Aún hoy me encuentro estupideces de estas escritas en los lugares más insólitos (en este caso en el que fue mi móvil, que ahora lo usa mi madre…). Qué malos son los delirios nocturnos.


3 Comments:
Claro, el hombre entra en la habitación, ve a una mujer tirada en el suelo que acaba de vomitar y no la besa. Hay que ver, qué poca pasión tiene este hombre.
Claro, el estropicio fue la clave de que se terminase la pasión.
Claro.
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