Hoy he sabido por primera vez de la misoginia del Sr. Verne. Hay cosas que uno no se plantea cuando es un crío y que con los años y la perspectiva te sorprendes de no haber reparado antes en ellas.
Mientras leía sobre lo muy unido que estaba a su madre, a la cual escribía con asiduidad emotivas cartas, y sobre lo mucho que le traumatizó su muerte me han vuelto a entrar ganas de leer sobre el duelo patológico. Lo de las relaciones entre progenitores y progenie es un tema muy interesante y que tan sólo psicoanálisis y conductismo han prestado una atención realmente especializada y lo han puesto como fuente de patrones de comportamiento durante la vida adulta. ¡Cuántos problemas se prevendrían con una psicoeducación adecuada previa al paso de ser padres!
Volviendo al tema verniano, a pesar de la misoginia de este hombre (en la foto con la que fue su mujer hasta que la abandonó en el parto de su único hijo) hubo una obra suya que me marcó bastante: 20.000 leguas de viaje submarino. Si antes me llamaba la atención el fondo marino con aquel libro me fascinó. Las historias de aventuras y viajes me encantaban y más si implicaban enigmas o animales extraños. Creo que el gusto por la lectura y el disfrutar de la gastronomía es lo más útil que me han podido inculcar. Parece que fue ayer cuando estaba en la biblioteca de Andalucía leyéndome la colección entera del Barco de Vapor…
Cómo pasa el tiempo (ya hablo como las personas mayores, esto de rememorar cosas de hace tanto me afecta)… ¿qué recordaremos cuando pasen otros 10 o 20 años más?


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